Limp Bizkit reventó Parque Viva con un concierto que no solo explotó de energía, sino que también nos devolvió, aunque fuera por un rato, a esos años donde la vida se sentía más simple. A pesar del caos típico para entrar y salir del lugar, nada logró bajarle el ánimo a la gente, mas bien, parecía que entre más complicado era llegar, más ganas tenía el público de gritar cada canción. Un inicio con piel de gallina: homenaje a Sam Rivers El show arrancó con un emotivo tributo al bajista…
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